Siendo la religión un impulso universal, como bien defienden los ecumenistas, conviene no olvidar que el propio Catolicismo tuvo una larga etapa de formación y una continua historia de crisis y reformas hasta adoptar la forma final que hoy conocemos. El Islam, el Judaísmo y el Budismo pasaron por etapas similares y con una duración mucho mayor que los pocos años que han llevado a la Iglesia de Scientology (unos 40 años) a articularse en forma y aspecto completamente organizados.
Sin entrar en consideraciones administrativas, jurídicas o fiscales, me reafirmo en el total cumplimiento de los requisitos exigibles a cualquier religión por parte de Scientology.
Scientology responde a su verdadero modo de ser religioso y no persigue ningún otro fin que la propia exaltación del espíritu del hombre.
El claro enfrentamiento de Scientology con las doctrinas cientifistas de la psicología y la psiquiatría que niegan la bondad del hombre, tal y como Scientology afirma, desmarca aún más a esta religión de cualquier confusión. Scientology sólo valora la esencia espiritual del hombre, su bondad innata, su inmortalidad y su búsqueda del infinito como meta final. La novedad aquí es que su fundador desarrolló la religión de Scientology como un cuerpo de conocimiento y de prácticas que dirigen al hombre hacia estas metas.
Confundir esto con un intento de terapia o curación es fácilmente achacable a la superficialidad de juicios poco documentados.
Sólo una religión, de buena fe y completa, podría afirmar y mantener dichos postulados, creando además todo un cuerpo de creencias, doctrina, prácticas, ritos, estructura y objetivos dirigidos a la salvación del espíritu. Esto sólo forma parte del campo de la religión, y Scientology, por ello, es una religión.
Urbano Alonso Galan