Afortunadamente, al par que la sociedad contemporánea se extendía globalmente y florecía la variedad de la expresión religiosa en el Occidente, los eruditos y otros empezaron a descubrir que el enfoque doctrinal no se podía aplicar tan fácilmente a las religiones con fundamentos distintos a la tradición judeocristiana un descubrimiento que a la larga produjo un cambio más lúcido en perspectiva. El prejuicio inherente del enfoque tradicional al definir la religión se hacía particularmente notorio cuando estaban en juego las religiones indígenas u orientales, puesto que muchas de ellas no poseen un dios o ser supremo, y mucho menos un dios creador personal, o bien tienden a acatar la religión como una parte integral de la vida diaria.
En efecto, en gran parte de las religiones indígenas hay muy poca estructura doctrinal, y algunas religiones orientales como el budismo zen y el bakti hindú consideran la doctrina como si fuera un agregado e incluso como un tropiezo para lo que los creyentes de veras debieran practicar. Aun más, ¿cómo es que alguien pudiera negar la religiosidad del budismo Teravada o del jainismo, los cuales no poseen un ser supremo, siendo que ambos antedatan al cristianismo por cinco siglos? ¿Y qué de las numerosas sectas hindúes que, al par que se declaran por un gran número de dioses, los subordinan claramente a la meta suprema la unión del Yo con lo Absoluto? ¿Y qué del taoísmo, que no puede definirse sino sólo discernirse, o con el confucianismo, en donde el objetivo es el carácter, y la sabiduría el sendero a lograrlo?
Los eruditos religiosos de la modernidad hoy concuerdan en que la religión debe definirse objetivamente, y que no se pueden emplear conceptos extraídos de ninguna tradición en particular. El valerse de cierta definición, la cual conceda preferencias hacia alguna tradición religiosa en particular, decididamente va a discriminar contra ciertas religiones, y de hecho ha sido la causa de varias medidas de persecución religiosa. Más bien, los eruditos han ampliado sus enfoques para lograr lo que el Profesor Bryan Wilson, Lector Emérito de sociología por la Universidad de Oxford, ha llamado definiciones éticamente neutrales de la religión, las cuales constan de elementos [que] han llegado a ser reconocidos como los constituyentes de una religión, aparte de la sustancia de sus creencias, la naturaleza de sus prácticas en sí, o del estado titular de los funcionarios a su servicio. De este modo las creencias y las prácticas de una religión pueden interpretarse imparcialmente y sin prejuicios.
Existen aun muchas maneras diferentes de definir la religión, tantas que son incontables. En los últimos años, la tendencia ha sido la de analizar a las religiones mediante una escuela de pensamiento llamada religiones comparadas, que se acerca a la comprensión de una religión comparando sus componentes en sus diversas culturas. Este enfoque y el contexto del cual surgió se plantea a continuación.